Cada vez son más los estudios que demuestran que la alimentación puede ser una aliada clave frente al cáncer. Y entre todos los nutrientes, hay uno que destaca por su potencial protector: la fibra. Presente en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, su consumo no solo mejora la salud digestiva, sino que también influye directamente en los genes relacionados con el desarrollo tumoral. Un nuevo estudio publicado en Nature Metabolism lo confirma, revelando cómo una dieta rica en fibra puede modificar nuestra biología desde dentro y convertirse en una potente herramienta preventiva y terapéutica.
La fibra, una aliada silenciosa en la prevención del cáncer

Durante años se ha repetido que la alimentación juega un papel clave en la salud, pero cada vez hay más pruebas de que no se trata solo de evitar lo malo, sino de potenciar lo bueno. Uno de los nutrientes que más atención está recibiendo últimamente por su efecto protector frente al cáncer es la fibra, especialmente la que encontramos en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
Un estudio reciente publicado en Nature Metabolism ha profundizado en cómo la fibra alimentaria influye directamente en los procesos genéticos que están implicados en el desarrollo de tumores. Michael Snyder, profesor de genética en Stanford, e investigador del estudio citado, señala que hay un vínculo directo entre el consumo de fibra y la modulación de la función genética que tiene efectos anticancerígenos.
Sin embargo, la dieta de las personas suele ser muy pobre en fibra, lo que significa que el microbioma no se alimenta adecuadamente. Snyder señala que este déficit en la dieta perjudica nuestra salud. Todo parte de una conexión sorprendente entre la dieta, el metabolismo y la expresión genética.
Los investigadores analizaron muestras de más de 900 pacientes con cáncer colorrectal y descubrieron que aquellos con niveles más altos de butirato, un compuesto producido por la fermentación de fibra en el intestino, mostraban un perfil genético menos favorable al crecimiento tumoral.
Es decir, el butirato, generado por bacterias beneficiosas, puede influir directamente en los genes relacionados con el cáncer. Esto da sentido a lo que ya se había observado en poblaciones con dietas ricas en fibra: tasas más bajas de cáncer colorrectal y una evolución más favorable en los pacientes ya diagnosticados.
La dieta podría generar un cambio epigenético, es decir, un cambio en la expresión genética
Lo más interesante del nuevo estudio es que revela el mecanismo exacto por el cual esto ocurre: un cambio epigenético inducido por la dieta. Además del butirato, otras sustancias como el propionato o el acetato, también derivados de la fermentación de fibra, parecen tener efectos similares.
Estos compuestos tienen la capacidad de modular la inflamación, estimular la muerte de células cancerígenas y frenar el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos que alimentan los tumores. Lo más prometedor es que estos hallazgos no solo aplican a la prevención, sino también al tratamiento.
Algunos pacientes con cáncer que seguían una dieta rica en fibra mostraron mejores respuestas a terapias inmunológicas, lo que sugiere que la alimentación puede potenciar el efecto de los tratamientos convencionales. La buena noticia es que incorporar fibra a la dieta diaria no es complicado ni caro.
Alimentos como las lentejas, los garbanzos, la avena, las manzanas, las zanahorias o el brócoli son fuentes excelentes. Además, al mantener una microbiota sana, la fibra contribuye a una mejor regulación del sistema inmunológico, algo fundamental en la lucha contra el cáncer.
Aunque los expertos advierten que la fibra no es una cura milagrosa ni un sustituto de los tratamientos médicos, sí insisten en que puede ser una herramienta poderosa para reducir riesgos. En palabras de los autores del estudio, “el entorno dietético tiene la capacidad de reprogramar los tumores a nivel molecular”.
Este enfoque nutricional está despertando gran interés en la medicina personalizada. En el futuro, podría convertirse en parte del protocolo clínico para pacientes con determinados tipos de cáncer. No solo se buscaría el tratamiento farmacológico adecuado, sino también el patrón alimenticio más favorable para apoyar la terapia.
En definitiva, cuidar lo que comemos no solo sirve para prevenir enfermedades crónicas o mantenernos en forma, sino que puede convertirse en un verdadero escudo frente al cáncer. La ciencia sigue avanzando, pero ya tenemos herramientas poderosas en nuestro plato.
Referencias
Nshanian, M., Gruber, J.J., Geller, B.S. et al. Short-chain fatty acid metabolites propionate and butyrate are unique epigenetic regulatory elements linking diet, metabolism and gene expression. Nat Metab 7, 196–211 (2025). https://doi.org/10.1038/s42255-024-01191-9
En Vitónica | Esto es lo que una investigadora del cáncer en Yale nunca toma en su dieta, pero sí consumimos mucho en España
Imágenes | Drazen Zigic (Freepik), Freepik
Ver 0 comentarios